Qué ver en Cantabria en dos días: la ruta definitiva entre mar y montaña

Descubre cómo aprovechar al máximo una escapada de dos días por Cantabria, combinando villas medievales, arquitectura modernista, acantilados salvajes y la alta montaña de los Picos de Europa en una ruta exprés perfectamente optimizada.

Disfrutar de Cantabria en una escapada de fin de semana es el plan perfecto para quienes buscan compaginar la bravura del mar Cantábrico con la majestuosidad verde de los Picos de Europa. Aunque la comunidad atesora rincones inagotables bajo su lema de Cantabria Infinita, concentrar los atractivos esenciales en un itinerario de dos días requiere optimizar los tiempos sin renunciar a la esencia marinera y señorial de la región. Una ruta bien trazada en coche permite conectar acantilados imposibles, villas medievales detenidas en el tiempo y miradores vertiginosos con vistas al abismo.

Día 1: Costa occidental, villas históricas y la magia de Santillana y Comillas

La primera jornada de esta ruta exprés arranca en la emblemática Santillana del Mar, popularmente conocida como la villa de las tres mentiras, ya que ni es santa, ni llana, ni tiene mar. Pasear a primera hora de la mañana por sus calles empedradas, flanqueadas por casonas solariegas blasonadas y torres medievales como la de Don Borja o la del Merino, transporta de inmediato al viajero a otra época. Muy cerca de su núcleo histórico se encuentra el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, donde descansa la célebre neocueva, una reproducción perfecta que permite comprender la magnitud artística del arte rupestre paleolítico.

Continuando el trayecto hacia el oeste por la costa, la siguiente parada ineludible es Comillas, una joya del modernismo arquitectónico fuera de Cataluña. En esta localidad costera destaca poderosamente El Capricho de Gaudí, una de las pocas obras que el genial arquitecto catalán proyectó fuera de su comunidad autónoma. Su fachada revestida de girasoles en cerámica vidriada contrasta con la imponente silueta del Palacio de Sobrellano y el cercano Seminario Mayor, dominando una loma verde frente al Cantábrico. Para cerrar el primer día, nada mejor que acercarse a la Costa Quebrada al atardecer, un espectáculo geológico de islotes, calas salvajes y acantilados esculpidos por el oleaje muy cerca de Liencres.

Día 2: Liébana profunda, el desfiladero de la Hermida y Fuente Dé

Día 2: Liébana profunda, el desfiladero de la Hermida y Fuente Dé
Imagen: ayuntamientodepotes.es

El segundo día exige cambiar radicalmente de escenario para adentrarse en el corazón montañoso de Cantabria. Tras tomar la carretera que asciende por el impresionante Desfiladero de La Hermida —un tajo excavado en la roca caliza por el río Deva con paredes verticales que superan los seiscientos metros de altura—, el viajero llega a Potes, la capital de la comarca de Liébana. Esta villa de puentes medievales, callejuelas empedradas y casonas torre como la del Infantado invita a saborear un buen cocido lebaniego y a comprar el tradicional orujo antes de continuar hacia las cumbres.

El plato fuerte de la jornada aguarda a pocos kilómetros en el circo glaciar de Fuente Dé. Allí opera el famoso teleférico, una obra de ingeniería que salva un desnivel de más de 750 metros en apenas cuatro minutos para depositar al visitante en el corazón de los Picos de Europa. Desde la estación superior, situada a más de 1.800 metros de altitud, se despliega un anfiteatro natural de piedra caliza grisácea frecuentado por rebecos y dominado por cumbres míticas, ofreciendo el broche de oro perfecto a una escapada intensa e inolvidable por tierras cántabras.

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