El secreto milenario de las conchas trituradas para salvar la vida marina frente a la acidificación de los océanos

Un estudio científico demuestra que añadir fragmentos de concha triturada a los sedimentos marinos neutraliza los efectos de la acidificación oceánica, mejorando el desarrollo y la estabilidad genética de moluscos clave como la almeja de cuello pequeño.

La acidificación de los océanos representa una de las amenazas más silenciosas y persistentes para los ecosistemas marinos modernos. A medida que las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono alteran el equilibrio químico global, la acidez de las aguas superficiales ha aumentado de forma alarmante desde la época preindustrial. Para los organismos que construyen conchas y estructuras calcáreas, como los bivalvos, este fenómeno no solo incrementa el coste energético necesario para su desarrollo, sino que compromete directamente su supervivencia. Sin embargo, una reciente investigación científica apunta a una solución tradicional y sorprendente: la incorporación de fragmentos de concha triturada en los sedimentos marinos.

El papel de la química del agua intersticial en los bivalvos

El papel de la química del agua intersticial en los bivalvos
Imagen: doi.org

El estudio, liderado por un equipo internacional de investigadores y publicado en la prestigiosa revista científica Biogeosciences, ha analizado en profundidad cómo la adición de harina de conchas en los sedimentos de la playa altera la química de los fluidos intersticiales —el agua situada entre los granos de arena— donde habitan especies de gran importancia ecológica y cultural como la almeja de cuello pequeño del Pacífico (Leukoma staminea).

A diferencia de los organismos que viven en la superficie, las especies infaunales que se entierran bajo el sedimento experimentan dinámicas químicas complejas. Los científicos simularon durante 90 días condiciones de acidificación oceánica en acuarios controlados, evaluando el impacto de mezclar arena con un 10 % en peso de fragmentos de concha pulverizada procedentes de especies nativas. Los resultados demostraron que la presencia de este material calcáreo eleva de forma constante el pH del agua intersticial y el estado de saturación de aragonita, amortiguando de este modo los efectos corrosivos del agua acidificada.

La recuperación del perfil genético y el crecimiento

Uno de los hallazgos más novedosos del trabajo radica en el análisis transcriptómico del tejido del manto de las almejas juveniles. Mediante la secuenciación de alto rendimiento, el equipo descubrió que los ejemplares criados en agua acidificada sin fragmentos de concha presentaban una alteración genética evidente asociada al estrés ambiental. En contraste, aquellos animales expuestos al mismo nivel de acidificación pero sobre sedimentos enriquecidos con harina de conchas mostraban un perfil de expresión génica prácticamente indistinguible del de los grupos de control en aguas no acidificadas.

Aunque la variabilidad en el tamaño inicial de los ejemplares limitó la significación estadística en algunas métricas de peso total, los datos confirmaron que el porcentaje de crecimiento nuevo mejoró notablemente en los entornos amortiguados con concha triturada. Este comportamiento ratifica la hipótesis de que las propiedades químicas de los fragmentos actúan como un escudo neutralizador frente a la bajada generalizada del pH.

Sabiduría ancestral aplicada a la conservación marina

Más allá del rigor experimental en laboratorio, este estudio pone en valor el conocimiento ecológico tradicional de los pueblos indígenas de la costa noroeste de América del Norte. Civilizaciones costeras como los Coast Miwok en California o diversas comunidades en la Columbia Británica han gestionado históricamente bancos de mariscos mediante técnicas de maricultura que incluían la aportación intencionada de conchas trituradas a las playas, conocidos popularmente como jardines de almejas.

La prohibición de estas prácticas tradicionales durante el siglo XX por parte de administraciones federales provocó, en muchos casos, el declive de las poblaciones locales de moluscos. Hoy en día, la investigación geocientífica y biológica avala la eficacia de estas medidas correctoras, sugiriendo que la integración de saberes ancestrales y ciencia moderna constituye una herramienta indispensable para proteger la acuicultura sostenible y la biodiversidad intermareal frente al cambio climático.

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Mylene2401

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